La nueva guía del INTEF puede aplicarse sin convertir el centro educativo en un laboratorio de herramientas. El punto de partida es acordar qué problemas se quieren resolver, qué usos están permitidos, cómo se protegen los datos y qué debe aprender cada perfil. Después, las actividades con inteligencia artificial deben incorporarse a la programación con objetivos, evidencias y revisión humana.
El Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado publicó el 17 de septiembre de 2026 la versión 2.0 de su guía sobre inteligencia artificial en el ámbito educativo. El documento incluye orientaciones y situaciones de aprendizaje que ayudan a pasar del debate general a la práctica de aula. La oportunidad para cada centro consiste en traducirlas a su contexto, no en copiar una lista de aplicaciones.
Qué aporta la guía y qué decisión sigue correspondiendo al centro
La guía organiza principios, riesgos, posibilidades y ejemplos. Sin embargo, no conoce la edad del alumnado de cada grupo, los sistemas contratados, los permisos internos ni la realidad de las familias. Por eso debe funcionar como marco de trabajo, mientras el equipo directivo y docente concreta las decisiones operativas.
La primera decisión es pedagógica: para qué se utilizará la IA. Puede ayudar a comparar argumentos, generar hipótesis, adaptar una explicación, analizar sesgos o revisar un borrador. Si la actividad se limita a obtener una respuesta, el alumnado practica menos. Si exige justificar instrucciones, contrastar fuentes y explicar correcciones, la herramienta se convierte en objeto de aprendizaje crítico.
La segunda decisión es organizativa. El centro necesita saber qué herramientas se autorizan, con qué cuentas, para qué edades y con qué información. Esta revisión debe conectarse con la formación en IA de docentes, coordinación y administración, porque una norma que nadie comprende acaba aplicándose de forma desigual.
Primer paso: crear un inventario de usos reales
Antes de redactar una política, conviene preguntar qué está ocurriendo ya. El profesorado puede estar preparando rúbricas, ejemplos o adaptaciones. El alumnado puede utilizar asistentes para resumir, traducir o resolver ejercicios. Administración puede redactar comunicaciones, y dirección quizá compare documentos o prepare planes.
El inventario no debe utilizarse para buscar culpables. Su finalidad es identificar tareas, personas, herramientas, datos y decisiones. Una tabla sencilla puede recoger finalidad, usuario, información introducida, resultado generado, revisión necesaria y responsable. También debe señalar si el uso es individual, experimental o integrado en un proceso del centro.
Esta fotografía permite separar tres niveles: apoyo personal sin datos sensibles; actividad educativa planificada; y proceso institucional que afecta a expedientes, evaluación, orientación o comunicación. Cuanto mayor sea el impacto, más claros deben ser la autorización, la supervisión y el registro.
Segundo paso: acordar reglas comprensibles por perfil
Una única prohibición no resuelve las situaciones diarias. Es más útil definir reglas por función. El alumnado necesita saber cuándo puede usar IA, cómo debe declarar su uso y qué parte del trabajo debe elaborar por sí mismo. El profesorado necesita criterios para diseñar actividades, revisar resultados y evitar decisiones automáticas. Administración y dirección requieren límites más estrictos sobre datos personales y documentos internos.
- Alumnado: no introducir datos propios o de terceras personas, identificar la herramienta utilizada y conservar las fuentes que permitan comprobar el resultado.
- Profesorado: revisar exactitud, sesgos y adecuación a la edad; no delegar calificaciones o decisiones sensibles; y preparar una alternativa cuando la herramienta no esté disponible.
- Administración: trabajar solo con sistemas aprobados, minimizar datos y verificar nombres, fechas, destinatarios y anexos antes de cualquier envío.
- Dirección: aprobar finalidades, proveedores, responsables, permisos, formación y procedimiento de incidencias.
La Comisión Europea, en sus preguntas y respuestas sobre alfabetización en IA, insiste en adaptar las medidas a conocimientos, experiencia, formación y contexto de uso. No existe una sesión idéntica que sirva para todas las funciones.
Tercer paso: formar con situaciones de aprendizaje, no con demostraciones
Una formación útil debe pedir a las personas que tomen decisiones. Mostrar cómo una herramienta redacta un texto puede resultar llamativo, pero no demuestra que el equipo sepa utilizarla con criterio. Es preferible practicar con casos anonimizados del propio centro y observar qué comprueba cada participante.
La guía del INTEF aporta situaciones de aprendizaje para distintas etapas educativas. El centro puede usarlas como referencia y adaptarlas a su programación. Una actividad de primaria puede centrarse en distinguir hechos y errores; en secundaria, en comparar fuentes y sesgos; y en formación profesional, en documentar un proceso, verificar una salida y explicar sus límites.
Cuarto paso: definir qué significa revisar una respuesta
La instrucción “revísalo” es demasiado abierta. Cada actividad debería incluir criterios concretos: hechos, fuentes, cálculo, lenguaje, sesgos, datos personales, derechos de uso y coherencia con el objetivo. Si el alumnado no puede explicar qué ha cambiado y por qué, la revisión todavía no está terminada.
El marco de competencias de inteligencia artificial para docentes de la UNESCO propone avanzar desde la comprensión hasta el uso responsable y la transformación pedagógica. Esa progresión evita exigir innovación avanzada a personas que todavía necesitan aprender a reconocer limitaciones básicas.
En procesos repetitivos, el centro puede valorar una automatización con supervisión y trazabilidad. Pero una integración no debe trasladar automáticamente datos de alumnado o personal a un servicio externo. Primero se revisan finalidad, permisos, contrato, conservación, seguridad y forma de detener el proceso.
Quinto paso: documentar sin crear burocracia inútil
La evidencia debe ayudar a gestionar el uso, no limitarse a acumular certificados. Un registro proporcionado puede incluir fecha, perfil, herramienta o sistema, contenidos, actividad práctica, resultado y medida de refuerzo. Para una prueba piloto, también conviene anotar grupo, responsable, datos utilizados, revisión aplicada e incidencias.
El INTEF inició el 6 de octubre de 2026 la cuarta edición del curso abierto «Una IA para aprender», con cinco semanas dedicadas a fundamentos, uso educativo, herramientas y ética. Esta continuidad confirma que la implantación no se resuelve con un documento aislado: necesita conversación profesional, práctica, evaluación y actualización.
Un plan de cuatro semanas para empezar
- Semana 1: inventariar usos, herramientas, perfiles, datos y dudas. Clasificar cada caso por impacto.
- Semana 2: aprobar reglas breves para alumnado, profesorado, administración y dirección. Definir herramientas permitidas y usos prohibidos.
- Semana 3: realizar una práctica por perfil con situaciones reales anonimizadas y criterios explícitos de revisión.
- Semana 4: ejecutar un piloto limitado, recoger errores, ajustar la norma y conservar evidencias útiles.
Después del primer mes, el centro puede medir cuántas actividades incluyen verificación de fuentes, cuántas incidencias se detectan antes de publicar o enviar, qué perfiles necesitan refuerzo y qué tareas no deberían automatizarse. El indicador no es el número de herramientas usadas, sino la calidad del aprendizaje y del control.
Nota informativa: este artículo es divulgativo y se basa en fuentes públicas consultadas el 12 de octubre de 2026. La guía del INTEF es una orientación educativa y no sustituye las obligaciones aplicables en protección de datos, propiedad intelectual, contratación, seguridad o inteligencia artificial. Cada centro debe valorar su situación con las personas responsables correspondientes.
Del documento a una práctica compartida
La guía ofrece un buen punto de partida, pero el cambio ocurre cuando cada persona sabe qué puede hacer, qué debe comprobar y cuándo tiene que detenerse. Et Tamimi trabaja como asesor tecnológico, socio práctico y formador para convertir principios generales en actividades, reglas y evidencias adaptadas al centro. El episodio sobre IA educativa y el papel del docente amplía esta visión desde la experiencia de aula.
Si tu centro quiere preparar un plan por perfiles y practicar con casos propios, puedes solicitar formación en IA adaptada al equipo educativo.
Preguntas frecuentes
¿La guía del INTEF obliga a utilizar inteligencia artificial en clase?
No. Ofrece orientaciones y situaciones de aprendizaje. Cada centro debe decidir finalidades, condiciones y actividades según su proyecto educativo y sus responsabilidades.
¿Puede el alumnado usar cualquier herramienta si no introduce su nombre?
No necesariamente. También importan la edad mínima, las condiciones del servicio, otros datos identificables, la finalidad de la actividad y las reglas aprobadas por el centro.
¿La formación debe ser igual para docentes y administración?
No. Comparten una base sobre límites, datos y verificación, pero necesitan prácticas distintas porque sus tareas, información y decisiones no tienen el mismo impacto.
¿Cómo se demuestra que el plan funciona?
Con actividades evaluadas, incidencias detectadas, decisiones documentadas y mejoras observables en la verificación, la protección de datos y el uso responsable.